
Ecoansiedad: de la parálisis climática a la esperanza activa
Ecoansiedad: de la parálisis climática a la esperanza activa
En los últimos años hemos sido testigos de cambios significativos en nuestra ciudad: el aumento del tránsito, la gentrificación y la urbanización han transformado los espacios que muchos considerábamos propios, como el centro de nuestra ciudad o paseo de Montejo. Estas modificaciones suelen generar un sentimiento de duelo o tristeza, ya que afectan entornos en los que crecimos y que forman parte de nuestra historia personal y colectiva.
En este contexto, las manifestaciones ciudadanas en contra de estos cambios, como la tala de árboles emblemáticos hasta las asociaciones que defienden los cenotes en zonas arqueológicas no son hechos menores cuando lo entendemos desde el vínculo profundo que mantenemos con nuestro entorno natural. Estos espacios forman parte de nuestro "paisaje psíquico interno" (Weintrobe, S 2013), ese entramado emocional y simbólico que contribuye a nuestra identidad individual y comunitaria.
El problema de cómo se comunica la crisis
Uno de los principales retos es la manera en que se comunica esta información. Con frecuencia, los mensajes son desoladores, catastróficos o incluso apocalípticos. Tanto jóvenes como adultos interesados en el tema suelen sentirse saturados y emocionalmente agotados dificultando que comprendan la situación y actúen en el presente. A este fenómeno se le ha denominado "ecoansiedad" o "trauma climático".
Como comunidad, recurrimos a la negación o escisión, rompiendo el vínculo con nuestro entorno en una cultura de indiferencia, que no solo nos aleja de la realidad externa, sino también de nuestras propias emociones (Lombardozzi, 2021).
Hacia una forma de involucrarse distinta
No es mi intención difundir más información angustiante ni de negar la gravedad de la situación —como el intenso calor que experimentamos en Mérida—, sino de encontrar formas más efectivas de involucrarnos. Para generar cambios reales, es necesario reconocernos no solo como parte del problema, sino también como parte de la solución (Sala, J. 2021).
En este sentido, propongo integrar dos dimensiones que nos son propias: por un lado, el deseo de sostener una relación ética y sostenible con el medio ambiente; por otro, la tendencia a acumular recursos en beneficio propio (Lertzman en Sala, J. 2021). El reto consiste en transitar de un estado centrado en el interés individual hacia un "estado mental ecológico" (Weintrobe, S 2013) que contemple no solo la seguridad presente, sino también la de las generaciones futuras.
La esperanza como acción
Reconocer esta tensión es fundamental, ya que implica aceptar que todos albergamos tanto un potencial destructivo como una capacidad de reparación. En esa dualidad se abre una posibilidad genuina de esperanza.
Sin embargo, la esperanza no es pasiva: se construye a través de la acción y la disciplina. Implica reconocer nuestras conductas dañinas, asumir nuestra responsabilidad y comprometernos con cambios concretos a nuestro alcance. Esto puede traducirse en la mejora de nuestros hábitos y en actuar con mayor conciencia en la vida cotidiana (Romagosa, 2021).
Referencias
Lombardozzi, A. (2011).Sally Weintrobe: Psychological Roots of the Climate Crisis.
Sala, J. (2021). Emergencia climática. Del trauma a la negación, de la integración a la acción.Temas de psicoanálisis,(21). Sociedad Española de Psicoanálisis.
Romagosa, A. (2021). Aportaciones del psicoanálisis y el arte a la crisis climática y ecológica.Temas de psicoanálisis,21. Sociedad Española de Psicoanálisis.
Weintrobe, S. Ed. (2013).Engaging with Climate Change.Londres, The New Library of Psychoanalysis.